miércoles, 5 de septiembre de 2007

La Sombra

-Mayra, Mayra, Mayra, hermosa y siniestra, seguirte es mi pecado, pero es necesario, es necesario acabar con mi misión, es justo que tome del cáliz prohibido y así podré seguir mi camino, después podré cumplir lo que el me destinó.Mayra serpentea por las oscuras calles de Teusaquillo, tranquiliza su paso por creer estar sola, sin embargo nadie esta solo. Se siente agitada y enferma, además su entrepierna no deja de arder y picar, ni siquiera un baño podrá calmar tan enfermizo dolor, levanta la cabeza a la pálida luna que atraviesa el cielo indiferente a los acontecimientos y así reanuda su irregular marcha para llegar a ninguna parte.

Parece que siempre ninguna parte tiene nombre, ante sus ojos se abre un curvo edificio en medio de dos avenidas, que amenaza a un miserable triángulo hecho de vidrio que se recuesta en un prado patético y contaminado, aun hay luces encendidas.
-Gente que trabaja- piensa la drogada joven o tal vez no lo piensa, solo lo supone en medio de sus alucinantes sueños. Sin embargo su corazón se intranquiliza, esa carne llena de venas que bombea sangre a su hermoso y contaminado cuerpo se acelera, casi puede escucharlo, gira su cabeza que se reciente del brusco movimiento y ve un hombre no muy alto vestido de negro, con una capucha que cubre su cabeza, es sombrío y tenebroso, intenta gritar pero antes de hacerlo recibe un golpe en el estomago, que la deja automáticamente sin aire.

-Flish, Flishhh –susurra la pobre ramera que está de rodillas ante el hombre de sombras. Sabía que estaba cerca, solo debía cruzar la avenida que unos llaman 30, otros Quito y otros no la llaman. En medio de lagrimas vio la luz del cuarto piso prendida, arriba de la fotocopiadora, él la estaba esperando, pero no tenia aire para gritar ese horrible nombre resbaladizo, agachó su cabeza y simuló dolor, se sintió sola, ni siquiera su atacante parecía estar, de repente se levantó de un salto y corrió precipitada, sintió la mano de la sombra rozando su rojizo cabello, pero logró escapar.
La sombra se levantó en su altura y se hizo grande, la persiguió como cuervo con alas extendidas en medio del asfalto y las pocas luces rojas, un grito sin eco recorrió la escena, Mayra gritó por fin el nombre:
-¡Flish!- se escucho fuerte.
Al instante la huesuda cara del miserable rapero se asomó por la ventana del cuarto piso y respondió con cuanta estupidez puede hacerce:
-¿Mayra?-
Antes de que reaccionara la sombra la capturó en sus brazos y los dos se fueron al suelo, aunque viendo la terrible imagen, el rapero sintió miedo y pensó por un instante en no bajar, aunque al final lo hizo, recorrió las 62 escaleras y salió tan rápido como pudo, insultó con palabras y gestos, nombró rameras y aberraciones sexuales a la sombra, sin embargo no vio que Mayra ya no luchaba, estaba de pie, tan alta como era, completamente erguida y callada, y la sombra no la tocaba, el pobre rapero siguió su absurda sarta de insultos, pero no se acercó a la sombra, que cubría su rostro entre negros paños.

-Aiya Edain- dijo la sombra
– Auta i lome.
Por fin el cerebro del pobre rapero pareció funcionar, recordó el arma oxidada que siempre tenía consigo en su bolsillo trasero y la desenvainó cual espada, dio un ridículo salto en medio de tres escalones, desde la entrada del edificio a donde aguardaba la sombra y clavó la patética arma en el hombro de la sombra, continuando con su letanía de vulgaridades, se preparó para el segundo golpe, aunque la sombra no se inmutaba, levantó su brazo y lo dejó caer como digna sentencia, sin embargo su corazón se detuvo y su miserable boca se llenó de sangre, sus ojos bajaron en al suelo y solo vio acero y oro dentro de su pobre vientre.

La sombra tomó la mano de la desdichada Mayra que no sentía ni escuchaba; solo caminaron y se perdieron bajo la sombra de un puente, el cuerpo del que intentó ser rapero yacía en el suelo de su patética torre, ¡Nadie! ¡Nadie interferiría en la misión de la sombra!
Y ahora… ahora ya tenia su principal pieza. Ahora solo falta una mas.