martes, 11 de septiembre de 2007

Shany

Shany no sabe cuanto lleva llorando en el sólido y frío anden, la verdad la noción de tiempo no es algo preciso para el, es una cuestión relativa que se guía según sus estados de animo, camina mas rápido si su día es lento y es mas lento cuando su vida es rápida, es casi para comprobar la teoría de Einstein, ¡Que miserablesa! Hasta el tiempo es relativo, sin embargo no encuentra la forma de controlar ese relativismo para su beneficio, por que por la extraña ley de Murphy, todo siempre puede ser peor, y el tiempo es mas lento cuando ella se fue hace un año, y fue tan lento en el año en la época en que estuvieron juntos, en septiembre la conoció, en septiembre lo dejo y de nuevo hoy en septiembre la belleza de aquel rostro le carcome las entrañas, sin embargo algo lo saca de sus conjeturas aritméticas sobre tiempo y felicidad, un papel arrugado, ¡El papel! El que le había entregado la mujer que estaba acompañada del hombre de negro, se apresura a sacarlo y no entiende lo que ve, aunque puede leerlo no le cabe en la cabeza lo que esta en su mano, no entiende como es que esas letras estén en ese maldito papel, se organicen en ese maldito orden y pronuncien tales malditas palabras:


MAYRA ESTA EN PELIGRO
3131 20548514 5215


¡Mayra! ¡Mayra! Maldita sea la hora, sin embargo le alerta no le alerta que este en peligro, porque habia de alertarle, siempre lo ha estado desde que se fue con ese maldito rapero, desde esos dias solo sabe trabajar como puta, le duele decirlo, como le duele saber que en eso sea convirtio despues de dejarlo, sabiendo que desde mas de diez años tal cosa estaba prohibida en la ciudad, y desde los tiempos en que el alcaldesa Carla Giraldo había organizado grupos de "restauración moral" que buscaban y aniquilaban a cualquiera que se dedicara a este negocio, todo por el derecho que le daba la constitucion del 2012, habrace visto la mas puta de las putas perseguía a las putas, que estupidez de país, que estupidez. Mundo. Una ráfaga de viento golpeando su cara, y esta lo saco de sus dilemas sociopoliticos que ha nadie importan, volvió a releer el papel y vio el número, dieciséis dígitos, no había duda era un biocelular, dejo la escoba botada en el suelo y corrió a toda prisa buscando alguien que vendiera minutos a biocelular, que hacían esto desde ya casi treinta años, solo que ahora eran legales y obligatorios en cada estación del Cablemetro.